Un suelo vivo es, como su propio nombre indica, un suelo que está lleno de vida y funciona como un ecosistema, no solo como un soporte para las plantas. Contiene millones de organismos que trabajan juntos:
- Raíces y restos vegetales en descomposiciónVamos a ver cómo crear un suelo vivo para nuestro huerto o jardín. Un sustento para nuestros cultivos, lleno de nutrientes y que retengan toda el agua posible, para que nuestras plantas puedan alimentarse y crecer correctamente. Revisemos los mejores inputs para utilizar.
- Microorganismos: bacterias, hongos, actinomicetos
- Hongos micorrícicos: ayudan a las raíces a absorber nutrientes
- Lombrices, insectos y otros pequeños animales
¿Para qué sirve un suelo vivo?
- Alimenta a las plantas de forma natural
- Mejora la estructura del suelo (más esponjoso)
- Retiene mejor el agua
- Protege frente a plagas y enfermedades
- Reduce la necesidad de fertilizantes y químicos
¿Cómo hacer un suelo vivo?
En primer lugar, debemos contar con materia orgánica fresca o en proceso de fermentación. Este tipo de materia orgánica no debe ser nunca enterrada con el fin de alimentar los cultivos, porque es muy joven y puede quemar nuestras plantas por exceso de sales o nutrientes. Además, recordemos que los microorganismos que van a trabajar en degradar esa materia orgánica fresca son aeróbicos y necesitan del oxígeno para realizar sus funciones vitales. Así, esta materia orgánica se podría, como mucho, esparcir en superficie.
En segundo lugar, tenemos el compost fresco o el compost joven, se trata de un material que todavía está en grado de transformación. Podemos ver en él mucha actividad de microorganismos y también de lombrices y otros seres vivos. Es una materia orgánica llena de vida, al cogerla entre las manos te das cuenta. Este compost joven puede llegar a tener semanas o incluso meses, dependiendo de la rapidez del proceso de compostaje, y no debe ser aplicado muy en profundidad, porque todavía puede inhibir el crecimiento de algunas plantas, en pro de los microorganismos del suelo. Se trata por tanto de una materia orgánica a la que todavía le queda mucho para que sea estable.
El mantillo de bosque, o mantillo vegetal, es la materia orgánica que precede al humus del suelo. Presenta mucha menos estabilidad que éste, y tiene mayor presencia de materia orgánica. Aunque todavía está en proceso de transformación, ya se puede equiparar a un compost viejo, de más de un año. Es decir, presenta una alta estabilidad.
¿Qué es el humus?
El humus del suelo es una sustancia compuesta por elementos fruto de la descomposición de materia orgánica por parte de los organismos descomponedores, fundamentalmente hongos y bacterias, cuyo trabajo es transformar la materia orgánica y liberar nutrientes. Además, tiene una alta capacidad de intercambio catiónico, algo fundamental para la alimentación de las plantas. Retiene una gran cantidad de agua y nutrientes. También pueden ser fuentes del humus, las minas de leonardita y bernardita. El humus es rico en ácidos húmicos y ácidos fúlvicos. Pese a su denominación comercial, el humus de lombriz no es verdadero humus, si bien es una materia orgánica muy estable, al igual que las deyecciones de otros seres vivos que participan activamente en el compostaje. El humus del suelo desaparece mediante el laboreo excesivo de los suelos, que pierde su capacidad de retener agua y nutrientes, por eso decimos que labrar el suelo impide el establecimiento de microorganismos y de hongos beneficiosos para la producción del humus. Por tanto, el humus es un proceso que viene de la propia naturaleza, con la intervención de muchísimos microorganismos, hongos y bacterias, que participan en este proceso. Las plantas fabrican su propio alimento por mediación de la fotosíntesis, y también con la ayuda de los microorganismos que están en el suelo, absorbiendo las sales minerales del suelo, incluso de zonas profundas, mediante el agua (disolución). Y el humus facilita este proceso de absorción a la planta para que ella pueda fabricar su propio alimento y nutrirse.
Pasos a seguir para crear un suelo vivo en tu huerto o jardín
Vamos a fabricar un suelo vivo: en un pequeño bancal rastrillamos un poco y procedemos a esparcir y nivelar el mantillo (compost maduro). Dependiendo de la textura del suelo, podemos envolver ligeramente o dejar en superficie. Vamos ahora con la siguiente capa, una base muy mullida, con mucha vida y humedad, que es lo que nos interesa. Volvemos a nivelar ligeramente con el rastrillo. Regaremos en caso de necesidad con riegos ligeros y constantes hasta alcanzar la humedad deseada (utilizar siempre agua sin cloro). Deberemos mantener siempre húmeda la materia orgánica, para mantener vivos los microorganismos y las lombrices que habitan en él. El siguiente paso es esparcir una generosa capa de vermicompost maduro, y daremos otro riego ligero. Acto seguido añadimos una capa (5-10cm) de compost joven o estiércol compostado. Por último, debemos cubrir rápidamente toda esta materia orgánica con acolchado grueso: hojas secas, BRF, paja seca o rastrojos, etc.
Nuestro suelo vivo ya está dispuesto para recibir algún cultivo o dejarlo en reposo hasta que decidamos cultivar. Ya no deberemos labrar nunca más este suelo para no alterar la vida recién instalada en él. Iremos reponiendo el acolchado con aportes ligeros y continuos conforme vayamos viendo que sea necesario. Los microorganismos, lombrices y seres vivos del suelo, se encargarán de irlo integrando poco a poco.
Por aquí te dejamos nuestro tutorial completo sobre Suelo Vivo

